Las impresoras 3D nos ofrecen buenas noticias de cuando en cuando. Como hoy, que nos enteramos del trabajo de un grupo de ingenieros de la Universidad de Southhampton, en la costa sur británica. Ellos dieron a conocer el primer vehículo no tripulado (UAV,Unmanned Aerial Vehicle) fabricado enteramente con una impresora 3D.

Una EOS EOSINT P730 fue la impresora 3D utilizada para construir cada pieza del avión. Como se estila en estos casos, el diseño inicial consideró que cada una de ellas fuese ensamblada para ajustarse entre sí sin herramientas especiales.

El resultado del proceso, que no abarca más de una semana, es un avión llamado SULSA, con 2 metros de ancho en las alas y capaz de viajar hasta 160 kilómetros por hora. Con técnicas tradicionales un diseño similar hubiese llevado meses. Más aún, el bajo costo de usar impresoras 3D le ha permitido a la Universidad de Southhampton proponer un posgrado de un año en diseño de UAV.

Es importante conocer el pulso de la tecnología de las impresoras 3D. Y es que poco a poco se alzarán como una tecnología de alto consumo, y con ello, posiblemente, vendrá un cambio radical en las máquinas para reproducir información. Los objetos físicos serán tan copiables como lo es hoy en día una hoja de papel.

Veremos usar impresoras 3D para la construcción de artefactos más grandes y complejos, con otra familia de materiales, además del plástico. Con la capacidad para imprimir, capa a capa, muebles, vehículos personales, instrumentos de laboratorio, robots, incluso otras impresoras 3D.

Las impresoras 3D significarán una acumulación de poder para sus usuarios, con beneficios tanto creativos como económicos. Es difícil dilucidar una fecha exacta para ello, pero no me parece descabellado afirmar que se conformarán comunidades de cultura libre, DIY, compartiendo diseños 3D con licencias Creative Commons o tipo GPL.

Seguramente algunos miembros de la industria del copyright ya comenzaron a temblar con esa revolución que parece encontrarse a la vuelta de la esquina.